lunes, 15 de agosto de 2011

UN RELOJ PARTICULAR



"No podrás decir que soy impuntual". La frase, pronunciada al tiempo que le mostraba el reloj clavado en las 20:00:00, fue la primera de Adolfo a Graciela ese domingo de marzo.
Ella sonrió y descalificó la hora del reloj de quien sabía que llegaba cerca de 10 minutos después de las 20 a la cita en la heladería que está enfrente de la terminal de ómnibus.
-No pensarás que atrasé el reloj a propósito para aparentar puntualidad -dijo él en tono más jocoso que serio.
Una sonrisa a la que él leyó como "Sos un desastre" fue la contestación de Graciela.
Dolor de muelas adujo ella para no tomar helado.
El impuntual, que acreditaba algún que otro elemento de caballerosidad, explicitó que no era lo mejor para ella quedarse ahí viéndolo tomar un helado. Trascartón, la invitó al tercer café entre ambos.
No fue en Square ni en el Cyber Café de calle Alvear al 600. Se instalaron en uno de Sobremonte al 1000, entre Moreno y Rioja, donde a Graciela no le importaba estar con "ropa de entrecasa", tal la calificación de ella respecto de una remera y un pantalón negros.
El del lugar no resultó el único cambio con relación a los anteriores encuentros. Por primera vez, él la acompañó de vuelta a su casa. Es dable suponer que la conducta confirmaba el entusiasmo creciente de él y el consentimiento de ella.


No hay comentarios:

Publicar un comentario